Ayampe es un pequeño paraíso tropical donde la jungla y el mar se unen para mostrar su mejor versión. Se ubican en Manabí, al inicio de la ruta del sol o Spondylus, equidistante entre dos puntos muy visitados como Montañita y Puerto López. Su fama se debe al público que decidió alejarse de la bulliciosa ciudad vecina en busca de la serenidad y el disfrute del mar sin tanta gente joven ni ruidosas noches de fiesta.
La postal que resalta este paraíso es la gran roca con dos picos en medio del mar que se pueden ver desde todos los puntos donde uno se encuentra. El agua azul cristalina, el oleaje intenso y el verde de la abundante flora autóctona, contrastan con la arena blanca y hacen de este pequeño pueblo un destino perfecto para asentarse. El paisaje invita a relajarse pero si lo que busca es movimiento, las opciones cercanas proponen aventura y diversión para todos los gustos.
El surf es el deporte por excelencia en esta playa gracias a sus buenas olas casi todos los días. Ideales para aprender porque no son tan grandes ni peligrosos. Allí también, la vida al aire libre gana espacio para quienes no son tan aficionados a la mesa. Hay cabalgatas, caminatas por la selva húmeda llamada "La Montaña", o por los jardines ubicados a orillas del río Ayampe (que atraviesa el pueblo) y la ría. El avistamiento de fauna es otro punto a favor, sobre todo por su gran diversidad de aves y especies marinas. Los pelícanos están por todas partes y por la noche el espectáculo puede volverse mágico si tienes la suerte de ver cómo se ilumina el agua gracias al plancton fluorescente que se enciende y apaga. Sin duda, la mejor excusa para un baño nocturno a la luz de la luna.
El pueblo es mínimo, la mayoría de sus calles no tienen asfalto y se estima que solo viven unas 400 personas. Suele ser tranquilo aunque el aforo es completo en todos los hostales, posadas y hoteles que así se soliciten en verano. La opción gastronómica también es muy amplia donde se sirven los platos más exquisitos elaborados a base de mariscos y pescados. Los ceviches, camarones y pescado fresco con salsa de coco son los más habituales a precios absolutamente asequibles. El café local es imprescindible ya que es la principal actividad económica local y Ecuador es un gran productor. Pero si el calor aprieta, nada mejor que un batido de fruta fresca (los plátanos son únicos) o una cerveza bien fría viendo la puesta de sol entre las rocas del mar para cerrar otro día en el paraíso.








